Martina Martínez Tuya

 

 

 

Teresa Panza, una mujer real

 

Teresa Panza, que en El Quijote tiene varios nombres como bien se explica desde el principio:

Juana Gutiérrez, la nombra en el Capítulo VII, su marido Sancho Panza, para a renglón seguido mentarla como Mari Gutiérrez. En el capítulo V de la segunda parte será Teresa Cascajo o Teresa Panza, nombre que quedó como definitivo por decisión de Cervantes.

Con un nombre o con otro, esa mujer es real en el libro y con ella están representadas las mujeres del común; esas mujeres, esposas y madres que han tejido la intrahistoria – como diría Unamuno. Son las que han garantizado la continuidad de la vida. Son mujeres, en realidad, siempre solas para mantener sus casas y sus familias. En sus vidas y en las de sus hijos son ellas las que garantizan la comida de cada día, la cama buena o mala en la que dormir, los planes de futuro.

Son la mayoría, la inmensa mayoría siempre silenciada, siempre ausente en la Historia, pero sin las que la simple continuidad de la vida sería imposible.

Se ha dicho hasta la saciedad que Sancho Panza es el realista frente a D. Quijote. No es cierto. Sancho Panza es tan idealista como su caballero andante. Igual de idealista, pero más cutre.

La diferencia es que …”es hombre de bien – si es que este título se puede dar al que es pobre -, pero de muy poca sal en la mollera”

Sancho se va con una promesa tan poco concreta como…” tal vez le podía suceder una aventura que ganase, en quítame allá esas pajas, alguna ínsula”  La promesa de la ínsula no puede ser más  imprecisa, habida cuenta de que Sancho no sabe que ínsula es lo mismo que isla- No lo sabe él ni nadie no versado en latines.

Sancho se va, sin decir nada a su mujer. Se va a por tabaco, vamos.

Se va y se lleva con él el burro.

 

Deja a su mujer sola y es de suponer que convencido de que a pesar de que no tendrá el burro, con lo que eso significa para un labrador pobre, ella se las arreglará perfectamente. Es decir: se sabe perfectamente prescindible. Cero o casi en su familia. Otra cosa es que se atreva alguna vez a reconocerlo.

Eso no le impide preocuparse por saber si él fuese rey de la ínsula si su “oíslo”, su mujer, también lo sería, así como si sus hijos pasarían a ser infantes.

Se cree capaz de gobernar cualquier ínsula, territorio en lo que él entiende, pero le dice a D. Quijote:

“Tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís para reina: condesa le caerá mejor, y aún Dios y ayuda”

 

Cuando regresa con D. Quijote, Teresa Panza lo pone en su sitio. No le pregunta cómo está, o cómo le ha ido. “ Lo primero que le preguntó fue que si venía bueno el asno. Sancho respondió que venía mejor que su amo. “Gracias sean dadas a Dios que tanto bien me ha hecho;”

Garantizado lo principal, la mujer pregunta: “¿Qué bien habéis sacado de vuestras escuderías? ¿Qué saboyana me traéis a mí? ¿Qué zapaticos a vuestros hijos?

… Sancho habla de nuevo del futuro, de la ínsula futurible. Teresa quiere saber: “¿Qué es eso de ínsulas, que no lo entiendo?”

No se pierdan la respuesta: “No es la miel para la boca del asno”. Ante su insistencia y el aprieto en que le está poniendo, el marido sentencia:

“… basta que te digo verdad, y cose la boca”.

¡¡El bueno de Sancho Panza!!

Sería muy interesante el diálogo completo, pero no hay espacio.

 

 No será la última lindeza. El diálogo previo al tercer viaje de D. Quijote, y segundo para Sancho, es muy ilustrativo. Él sigue con su ambición y promete a su mujer que casará altamente a su hija. Ella no está dispuesta a que su  Mari Sancha sea humillada por su marido, que puede escarnecerla recordándole su origen:

“¡Por cierto que sería gentil cosa casar a nuestra Maria con un condazo, o con un caballerote que cuando se le antojase la pusiese como nueva, llamándola de villana, hija del destripaterrones y de la pelarruecas!¡No en mis días!...

-Ven acá, bestia y mujer de Barrabás…”

Más adelante esta otra perla dirigiéndose a su mujer: “No te parece, animalia”.

Cuando él insiste… “siempre fui amiga de la igualdad…”

“Mentecata e ignorante”, es la réplica.

Cuando después de un diálogo muy esclarecedor en el que Sancho muestra más talento del que le es habitual y que el texto justifica diciendo que el traductor lo considera apócrifo,  ella termina diciendo – sin ceder un ápice en su discurso:

“Otra vez os digo que hagáis lo que os diere gusto; que con esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a sus maridos, aunque sean unos porros”

 

 En el II- 73, derrotado ya Sancho

Ella le ve desgobernado y él se justifica diciendo: “dineros traigo”. Ella no quiere saber de qué forma los ha conseguido.

Seguirá una escena familiar con la hija, el rucio y la promesa de Sancho de contar maravillas, pero para Teresa Panza habrá caído el telón.

 En el testamento de D. Quijote sabremos que quizá le quede algún dinero después de liquidar cuentas.

Para ella sólo hubo un tiempo feliz. Cuando el paje trajo los regalos y las cartas de la Duquesa y de su marido el Gobernador.

 Nada, en definitiva, que alcanzara a  cambiar su vida.

 

 

 

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