Martina Martínez Tuya

 

 

 

La educación religiosa

 

 

Es el tema más polémico de la actualidad porque acaba de aprobarse en el Congreso la LOE, y en esta nueva ley la Religión ha pasado a ser una materia no evaluable.

Se trata sin duda de un tema político en el que no voy a entrar.

Lo primero que llama la atención en esta polémica es la polarización casi absoluta de esta cuestión relacionándola con la Iglesia Católica, cuando la verdadera actualidad de este asunto está, precisamente, en relación con un sentido más amplio en el que se incluyen aquellas religiones que no sólo tienen un lugar cada vez más importante por el número de fieles que viven en España, sino – también- por representar una ruptura importante en lo que a los valores generales aceptados por los españoles se refiere, e incluso por albergar aspectos de dudosa constitucionalidad y a veces de clara oposición a los derechos humanos que nuestro país ha aceptado y se ha comprometido a defender.

Voy a intentar centrar el tema tal y como creo que se presenta en la actualidad.

-                    Aspectos legales, que deben ser tratados dentro del marco de las relaciones entre las distintas iglesias o credos y el Estado. En este marco la Iglesia Católica deberá moverse si cree que la nueva normativa no respeta los acuerdos previos o las leyes de mayor rango no derogadas.

Se reconoce en la Constitución el derecho de los padres a elegir la Educación de sus hijos y ahí se enmarca la educación religiosa

La forma en que esto sea efectivo o no en las contradicciones entre el currículo  normativo y el currículo oculto, así como en las múltiples desviaciones teóricas y prácticas que puedan darse en las aulas, es algo no sólo delicado y complejo sino de muy difícil seguimiento. De alguna manera el Ideario de los Centros tendía a garantizar estos extremos, pero ya sabemos qué ha quedado del ideario en lo que a los centros concertados se refiere. En cualquier caso, este punto será tanto más conflictivo cuanto más alejada esté culturalmente la familia del esquema racionalista-ilustrado que es la base del sistema educativo y el desarrollo curricular.

El hecho de que la asignatura tenga o no nota- aspectos legales aparte-  es, sin duda, una cuestión en la que se pondrá en evidencia el poder de influencia de los padres con respecto a sus hijos , así como el de captación y mantenimiento en la fe de las iglesias, dentro y fuera de las aulas.

La situación actual ya era así para la Cultura Religiosa – alternativa a la Religión-.

- La cultura religiosa, referida de forma muy especial al judeo-cristianismo y dentro de este último de forma preferente al catolicismo, es un componente esencial de nuestra cultura y debería ser algo estudiado dentro del Área Socio-cultural con carácter obligatorio.

 

Hechas estas primeras consideraciones quizá lo más importante sea determinar cuál es el objetivo de toda Educación Religiosa.

La educación religiosa pretende formar, o conformar – como prefieran- . En ella se incluye un sentido de la vida, de la muerte, de la trascendencia, de sí mismo, de los otros, de la realidad, de las relaciones entre todo esto, de la vinculación de todo ello con una divinidad.

- Un sentido del Bien que será el que ordene su conducta y le lleve a asumir las consecuencias de una determinada manera. En definitiva: una moral o como se dice ahora: unos valores.

- Una liturgia, un culto, ciertos signos externos diferenciadores y ciertas costumbres.

 

Todo ello busca algo así como crear una base, algo que quede gravado en el disco duro del sujeto de forma que pase lo que pase no pueda borrarse.

 

El intento de conseguir esa base puede ser más o menos estricto, más o menos castrador.

Cuanto más castrador, más excluyente, más riesgo hay de que, aún abandonada la creencia, quede en el disco duro del sujeto un dogmatismo, una necesidad de universales, de verdades absolutas, un sentido religioso aunque el sujeto ya no lo sea, o crea no serlo. Ello genera un resentimiento, una falta de versatilidad y una manera muy agresiva de relacionarse con la antigua creencia. Es el dibujo tanto del apóstata como del converso.

Cuando un credo entra en crisis se tambalea todo el esquema que sitúa al sujeto en el mundo, sin que sea fácil hacer que el sujeto lo asuma dentro de la inseguridad genuina del existir.

La opción religiosa camina, entonces, en el vacío porque no quiere implicarse en su propia cosmovisión, en los valores y en la regulación de las conductas.

Así, se genera también, una opción NO Religiosa que es una mera ausencia, una opción de vacío total.

Hoy, la realidad de la educación religiosa es más bien ese vacío, esa incoherencia, ese no querer profundizar en nada, un mero no implicarse. Es, en el conjunto de la educación: UNA AUSENCIA.

Esa ausencia de educación religiosa, o de lo que pueda cubrir sus objetivos dentro de otro esquema, está dando para sorpresa de muchos, esos niños y jóvenes “desalmados”, sin alma.

 

No se encuentra el camino, o más bien tampoco quiere buscarse o someterlo a un mínimo de rigor.

Ante la violencia que acompaña a esta situación se quiere llevar a la educación “un catecismo” de valores que se concreta “en las educaciones mil”, la última de ellas sería LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA, en un intento de no entrar en los problemas:

 La cosmovisión, que de hecho implica el currículo, acaba en el caos por falta de rigor. Ese es el verdadero problema del fracaso escolar.

 El desastre educativo hace de los centros la feria del sinsentido y la contracultura alentando lo peor.

 Un currículo oculto resultante de un juego de la subversión acaba imponiéndose y es tanto más peligroso cuanto más difuso.

 

Todo esto aderezado con un complejo problema emergente con varios elementos:

- la pluralidad cultural, en el fondo religiosa, de marcado carácter dogmático y excluyente, representada por distintas religiones.

-Unos credos laicistas con la vehemencia y el resentimiento de los conversos.

- La ausencia de conciencia para determinar que lo que en otro tiempo era articulado o suscitado por la tradición y la religión que la alentaba, ahora debería cubrirse de otra manera, pero cubrirse en cualquier caso.

Veamos esto último:

Debería atenderse al desarrollo de la autoconciencia, el impulso hacia una madurez y una responsabilidad acordes con el mundo en que vivimos. Se debería atender a la necesidad de suscitar la confianza en una respuesta de la autoridad del adulto.

Es indispensable la consideración del otro, la determinación del bien y su dificultad. Saber que hay necesidad de recursos para enfrentarse a la vida, dominar las pulsiones, aceptar la adversidad y la angustia.

 

 

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